Siempre le digo a Lucía, mi hija, “Gracias por venir!”…

Y no es que le agradezca a ella y no a mis otros hijos, pero ella en cierto modo me abrió muchos caminos con su venida, incluso este: el de aprender a agradecer entre ellos.

Ayer estaba jugando con Lucía y en un momento ella me dice:

“Mamá, ¿sabes cómo vine yo?

Yo vivía en la boca de un dragón.

Adentro de su boca, él me cuidaba, yo vivía ahí..

Pero el dragón no pudo resistir la vida, y se murió.

El dragón que me cuidaba se llamaba Chita.

Yo no sabía que hacer y me fui por el mundo.

Chita tenía muchos hijos dragones, que también se llamaban Chita, y que tenían hijos que se llamaban Chita.

Me encontré con un hijo de Chita y le pregunté: ¿dónde está Chita, tu hijo?

y me dijo: “Allá”

Y fuí a hablar con Chita y le dije que necesitaba una madre que se llamara Titi y que fuera joven, y ella me dijo que la iba a buscar. Y entonces viajó y te preguntó “Tu te llamás Titi?” y tu le dijiste que sí y ella me dijo “Ya encontré a tú mamá”, y tu (y hace un gesto como si yo me agarrara la panza) dijiste “qué lindo, mi hijita!!”

Entonces yo me escondí atrás de los pulmones de los dos, de mamá y de papá, y esperé a que tuviera que nacer, porque primero tenía que venir Pabli, y cuando tuve que nacer tu supiste que estabas embarazada….”

Lu:  GRACIAS POR VENIR!!!

Montevideo, 5 de abril de 2009

En la primera década de vida aprendemos las reglas fundamentales de la supervivencia: llorar cuando tenemos hambre, llorar cuando tenemos sueño, llorar cuando nos duele algo. Del seno familiar adoptamos los valores que regirán nuestro proceder de toda la vida (¿toda la vida?). En la primera década de vida nuestros padres saben TODO lo que les preguntamos, TODO lo que necesitamos saber y todavía MUCHO MÁS. Nuestros padres son intachables, y los queremos incondicionalmente.

En la segunda década de nuestras vidas, rompimos reglas, trasgredimos, mostramos nuestra forma de hacer las cosas. Pasamos por el libertinaje auto infligido, y fuimos de cabeza a las grandes responsabilidades: trabajos, negocios, hijos. Nuestros padres se equivocan.

En la tercera década nos pasamos buscando, buscamos nuestra casa, nuestro trabajo nuestra familia. Buscamos sin descanso un lugar de paz, de amor, un lugar donde estar tranquilos, haciendo lo que nos gusta.

Trabajé en Staff y aprendí a hacer trámites y hacer buenos amigos, y amigos eternos. Trabajé en MOSCA y aprendí a memorizar un montón de datos rápidamente, y aprendí que me gustaba atender a la gente. Trabajé en la constructora y aprendí que no le tenía miedo al trabajo ni a la gente, y aprendí que hay gente que le encanta sacar provecho de gente como yo. Trabajé en el estudio y aprendí que todo lo que había aprendido era útil pero que había mucho más por aprender. Trabajé en el taller y aprendí que uno puede trabajar en cualquier lugar y que lo importante es que uno esté ahí, que sea uno quien esté ahí…. Y partí buscando, pensé que ya había aprendido todo lo que necesitaba para marchar…. Y llegué a “la Liga”. Ahí aprendí que aunque siempre es deseable el juego abierto y franco no siempre tenemos capacidad para jugarlo o soportarlo. Aprendí a identificar qué cosas dependen de mí y cuales no. Aprendí que hay gente que da palo si bogas y palo si no bogas, y que nunca va a estar conforme con nada, ya sea que sí o que no….

Y me fui buscando, buscando eso que me imagino tanto que creo que debe ser real.

19 de julio de 2008

Estuve pensando, y creo que la vida tiene su modalidad teórico-práctica. Todo aquello que en teoría sabemos, o en lo que creemos, o haríamos, en algún momento hay que llevarlo a la práctica. Yo, que a los 17 años dije “Mi hijo es lo más importante, y siempre los hijos son lo más importante”, tuve también mis pruebas prácticas…y tuve a mi hijo. A los diez años vino Lucía, haciendo con su llegada la misma pregunta, y mi respuesta fue la misma: “Los hijos son lo más importante”. Maite subió la apuesta, su pregunta varió, si los hijos son lo más importante qué sería yo capaz de hacer (o no hacer) por un hijo…. Y la respuesta vino de la mano de una quietud de casi 5 meses, donde dejé TODA actividad física o mental, mi única ocupación era mi hija. Menuda prueba práctica. Así es con todo, lo teórico tiene su contraparte práctica. Si siempre afirmamos que lo material no es lo mas importante, pasamos por la practica de no tener nuestra casa, nuestros trabajos, nuestro dinero. Si siempre afirmamos que la familia es lo mas importante, pasamos por la practica de atravesar innumerables tempestades, necesidades, incomodidades; todas ellas preguntándonos si en verdad creemos que la familia es lo más importante, y siempre contestamos lo mismo, y ahora estamos acá, por mudarnos otra vez, pero la familia está no sólo intacta sino fortalecida. Una de las pruebas más difíciles es la de entender que cada uno tiene su propio camino. Que el amor es maravilloso, capaz de mover montañas, pero que nunca va a lograr que transfiramos nuestra experiencia a otros o viceversa. No puede el amor ahorrarle camino al otro. Lo más difícil es aceptar que uno sigue caminando y no puede llevar a todos consigo. Estamos en período de exámenes, rindiendo pruebas de todos tipos. Como si se nos preguntara lo mismo de muchas formas diferentes, solo para cerciorar que llegamos a las mismas respuestas. Hay que aprender a separa lo importante de lo no importante. Y más aun, lo importante de lo menos importante. 23 de setiembre de 2008.