Siempre le digo a Lucía, mi hija, “Gracias por venir!”…

Y no es que le agradezca a ella y no a mis otros hijos, pero ella en cierto modo me abrió muchos caminos con su venida, incluso este: el de aprender a agradecer entre ellos.

Ayer estaba jugando con Lucía y en un momento ella me dice:

“Mamá, ¿sabes cómo vine yo?

Yo vivía en la boca de un dragón.

Adentro de su boca, él me cuidaba, yo vivía ahí..

Pero el dragón no pudo resistir la vida, y se murió.

El dragón que me cuidaba se llamaba Chita.

Yo no sabía que hacer y me fui por el mundo.

Chita tenía muchos hijos dragones, que también se llamaban Chita, y que tenían hijos que se llamaban Chita.

Me encontré con un hijo de Chita y le pregunté: ¿dónde está Chita, tu hijo?

y me dijo: “Allá”

Y fuí a hablar con Chita y le dije que necesitaba una madre que se llamara Titi y que fuera joven, y ella me dijo que la iba a buscar. Y entonces viajó y te preguntó “Tu te llamás Titi?” y tu le dijiste que sí y ella me dijo “Ya encontré a tú mamá”, y tu (y hace un gesto como si yo me agarrara la panza) dijiste “qué lindo, mi hijita!!”

Entonces yo me escondí atrás de los pulmones de los dos, de mamá y de papá, y esperé a que tuviera que nacer, porque primero tenía que venir Pabli, y cuando tuve que nacer tu supiste que estabas embarazada….”

Lu:  GRACIAS POR VENIR!!!

Montevideo, 5 de abril de 2009